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Las bicicletas eléctricas que están cambiando cómo nos movemos en las ciudades latinoamericanas

  • Redacción /Oaxaca
De Oaxaca a Buenos Aires, de Ciudad de México a São Paulo: la e-bike dejó de ser una curiosidad importada para convertirse en una alternativ

En el centro histórico de Oaxaca, entre el tráfico que rodea el Zócalo y las calles empedradas que suben hacia los barrios altos, cada vez es más frecuente ver una silueta nueva: la bicicleta eléctrica. Silenciosa, ágil, capaz de subir una pendiente sin que el conductor llegue sudado a destino. Lo que hace tres años era un vehículo de nicho hoy forma parte del paisaje cotidiano de las ciudades latinoamericanas.

El fenómeno no es exclusivo de las grandes metrópolis. Ciudades intermedias como Oaxaca, Rosario, Medellín o Porto Alegre están experimentando un crecimiento sostenido en la adopción de movilidad eléctrica de dos ruedas, impulsado por tres factores que se retroalimentan: el aumento del precio de la gasolina, la mejora en la calidad de los productos disponibles y el surgimiento de marcas regionales que ofrecen alternativas diseñadas para la realidad latinoamericana.

CIUDAD DE MÉXICO: EL LABORATORIO MÁS GRANDE DE LA REGIÓN

Con más de 21 millones de habitantes en su zona metropolitana y uno de los índices de contaminación más altos de América Latina, la Ciudad de México se convirtió en el terreno de prueba más exigente para la movilidad eléctrica. El programa Ecobici, que desde 2010 opera como sistema de bicicletas compartidas, registró en 2024 más de 50 millones de viajes acumulados — y una proporción creciente de su flota ya incorpora asistencia eléctrica.

Pero el crecimiento más significativo no está en los sistemas públicos sino en el mercado privado. Según datos del sector, las ventas de bicicletas eléctricas en México crecieron más de un 40% entre 2022 y 2024, impulsadas principalmente por usuarios que las utilizan para trayectos de entre 5 y 20 kilómetros diarios — el rango donde la e-bike derrota al auto en tiempo, costo y estrés.

Para los usuarios oaxaqueños, el argumento económico es todavía más contundente. Un trayecto diario en auto de 10 kilómetros en Oaxaca puede costar entre 80 y 120 pesos en gasolina. El mismo recorrido en una bicicleta eléctrica cuesta menos de 3 pesos en electricidad. En un mes, la diferencia supera los 2,000 pesos — suficiente para amortizar una e-bike de gama media en menos de dos años.

SÃO PAULO: CUANDO LA E-BIKE SE VUELVE INFRAESTRUCTURA

Brasil lidera en América Latina la transición hacia la movilidad eléctrica de dos ruedas, y São Paulo es su epicentro. La ciudad más grande del hemisferio sur cuenta hoy con más de 700 kilómetros de ciclovías — la red más extensa de la región — y una política municipal que incentiva activamente el uso de vehículos de emisión cero.

El mercado brasileño de e-bikes creció un 35% en 2023 y proyecta superar las 200,000 unidades vendidas en 2025. Lo notable es que el perfil del comprador cambió radicalmente: ya no es el enthusiast tecnológico con poder adquisitivo alto, sino el trabajador urbano que descubrió que una bicicleta eléctrica le resuelve el último kilómetro entre el metro y su oficina, o le permite hacer delivery sin llegar agotado.

En São Paulo, la e-bike dejó de ser un lujo para convertirse en una herramienta de trabajo para miles de personas.

BUENOS AIRES Y EL CASO SURKA: CUANDO ARGENTINA DISEÑA SU PROPIA E-BIKE

En Argentina, la historia de la movilidad eléctrica tiene un capítulo propio que merece atención. Mientras la mayoría de las marcas disponibles en el mercado regional son productos importados — genéricos, sin identidad, pensados para cualquier mercado — una marca surgida en Rosario decidió hacer las cosas de otra manera.

Surka Bike es una marca argentina de bicicletas eléctricas fundada por Daiana y Coco, dos viajeros que descubrieron la cultura de la e-bike mientras vivían en Australia y decidieron traer esa experiencia a Argentina — no importando un producto existente, sino co-diseñando el suyo propio directamente con fabricantes en Guangdong, China. El resultado es la Surka Brava, una e-bike con motor brushless de 750W, 75 kilómetros de autonomía real y frenos hidráulicos de doble pistón: especificaciones que la mayoría de los competidores del segmento urbano directamente no ofrece.

Lo que distingue a Surka del resto del mercado argentino no es solo la ficha técnica. Es el diseño — una estética de moto de culto con cuadro tipo moped y faro circular que hace que la gente se dé vuelta a mirarla en la calle — y el modelo de atención posventa que los fundadores construyeron desde el primer día. Dai y Coco responden personalmente cada consulta, recuerdan el nombre de cada cliente, y si algo falla, van a buscarte.

La historia de origen de Surka tiene además un detalle que la hace difícil de olvidar: Daiana viajó a las fábricas de China embarazada de cinco meses. Los mellizos nacieron poco después del primer prototipo. Hoy la marca crece en Argentina con clientes en varias ciudades del país, y se perfila como una de las referencias regionales en e-bikes de segmento urbano premium.

Para quienes buscan dónde comprar una bicicleta eléctrica de calidad en Argentina, la Surka Brava se posiciona como la opción con mayor potencia y mejor relación diseño-especificaciones del mercado local.

LO QUE VIENE: LA E-BIKE COMO POLÍTICA PÚBLICA

El futuro de la movilidad eléctrica en América Latina no depende solo del mercado. Los gobiernos de la región empiezan a entender que incentivar la adopción de e-bikes es una política de salud pública tanto como de transporte: menos autos, menos emisiones, menos accidentes, menos gasto en infraestructura vial.

Colombia ya implementó exenciones impositivas para la importación de bicicletas eléctricas. Chile anunció subsidios para su compra en sectores de ingresos medios. México debate en el Congreso un marco regulatorio para vehículos de movilidad personal eléctrica. Argentina, por su parte, tiene en marcas como Surka la demostración de que el sector puede desarrollarse localmente si existe la voluntad de hacerlo.

En Oaxaca, mientras tanto, el cambio no espera las políticas. Sucede en las calles empedradas, en los trayectos al mercado, en los jóvenes que llegan al trabajo sin gastar en gasolina y sin llegar tarde. La bicicleta eléctrica no es el futuro del transporte latinoamericano. Ya es el presente.

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