Voto de confianza al INE

  • Rodolfo Ruiz R.

Aunque al final fue imposible evitar el cuotismo en la designación de los consejeros del Instituto Nacional Electoral, tampoco puede afirmarse —so pena de incurrir en una ligereza irresponsable—que los integrantes del nuevo organismo encargado de la organización de los comicios federales sean una extensión de la partidocracia mexicana.

Por supuesto que no. Entre los once consejeros del INE —incluyendo a su presidente el jurista Lorenzo Córdova Vianello— hay expertos en materia electoral y académicos de reconocida solvencia, que no echarán por la borda su trayectoria y prestigio profesional por atender la línea o agenda política de los partidos que los propusieron.

Si así fuera, la designación de los consejeros se habría atorado en la Cámara de Diputados, en medio de fuertes discusiones y descalificaciones que habrían llegado hasta el 8 de abril, la fecha límite. La realidad fue diferente: los consejeros fueron nombrados mediante un acuerdo político, que involucró además de las tres principales fuerzas políticas, al Partido Nueva Alianza y al Partido Verde Ecologista de México, con 417 votos a favor, 41 en contra y cuatro abstenciones; es decir, por mayoría calificada, el jueves 3 de abril.

Ciertamente la sombra del cuotismo estuvo presente, al igual que algunos vetos en contra de determinados personajes que ni siquiera llegaron a registrarse, a sabiendas que no pasarían el filtro de Los Pinos, ni de algunas dirigencias partidistas. Las suspicacias, pues, fueron la constante del proceso.

Según diversas versiones periodísticas, en la integración del Consejo General del INE, el PRI llevó mano con cuatro consejeros, el PRD se quedó con tres y el PAN con otros tres. Las mismas versiones apuntan que el consejero presidente tuvo el aval de esas tres organizaciones partidistas.

Sin embargo, esta composición es insuficiente para que se ponga en entredicho la imparcialidad del nuevo organismo nacional electoral, la independencia partidista de los recién nombrados consejeros y la confianza de una naciente institución encargada de organizar nacionalmente las elecciones federales y locales, con la colaboración de los institutos electorales de las entidades federativas.

Antes de descalificar a priori a los integrantes del Consejo General del INE como correas de transmisión de los partidos que los propusieron y votaron en la Cámara de Diputados, hay que darles algún tiempo de actuación, y observar con detenimiento su desempeño.

En lo personal no estoy de acuerdo con la reforma política que se hizo, ni con el Frankenstein electoral que sustituyó al IFE y menos con la prisa con que aprobarán las reformas a las leyes secundarias en materia de elecciones y partidos, pero creo que los nuevos consejeros merecen un voto de confianza, en aras de los filtros que tuvieron que pasar y el prestigio académico y profesional con que llegaron al Congreso, antes de su nombramiento por mayoría calificada.

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