Distribución del poder en el proceso electoral

  • Jorge E. Franco Jiménez

El contexto político nacional y en las entidades se torna complejo en el momento en que  los partidos políticos y organizaciones afines inician su actividad con vista en el proceso electoral federal y los locales que han sido homologados para que tengan lugar en la misma fecha, esquema que provoca la dispersión de los intereses que giran en torno de las diversas tendencias preponderantes en el país cuyos miembros en lo individual o en facciones mantienen parcelas de poder que los impulsa a mostrar el músculo en las asambleas correspondientes cómo lo vemos en el Revolucionario Institucional, de Acción Nacional y de la Revolución Democrática. 

La crítica al interior de esos partidos obedece a intereses diversos, todos identificados con el objetivo y participar en la distribución del poder nacional. En el PRI la aparente lucha se da entre el grupo del Presidente de la Republica Enrique Peña representado por el Presidente Nacional de ese instituto Enrique Ochoa y la cúpula que lo rodea y los de los exgobernadores José Murat, Ulises Ruiz y Manlio Fabio Beltrones como tendencias representativas de los múltiples y obscuros intereses económicos y políticos en que se respaldan. 

La controversia que emerge es la forma o procedimiento de selección del candidato o candidato a la Presidencia de la Republica y de los requisitos que se exigen para militantes o no militantes, pero en el fondo se trata del prorrateo del codiciado pastel, como son los cargos al senado, diputaciones federales y locales uninominales y plurinominales, así como presidencias municipales e incluso gubernaturas que fortalecerán a los diversos grupos que hoy luchan al seno de las asambleas parciales y la general que definirá los procedimientos y propuestas. Sin embargo, todo parece indicar que, en el fondo de los sombrerazos, todo está arreglado y el afortunado ya fue seleccionado. 

La lucha por “democratizar” un partido que, desde su formación, tiene una estructura lineal, que sirve de estandarte a los pronunciamientos que hacen conocidos actores políticos para propiciar que retornen los reflectores de lo mediático  a sus personas, en momentos en que se encontraban en la disidencia aparente producto de una fama negativa en el desempeño de los cargos que han ocupado, conjuntada con las acusaciones de abuso del poder y corrupción que compartieron con algunos que están en manos de la justicia. 

En el Partido de la Revolución Democrática las cosas son semejantes a las de Revolucionario Institucional, aunque los síntomas lo ubican en una situación de mayor gravedad ya que sus corrientes están emigrando de ese instituto u otorgando públicamente su apoyo a Andrés Manuel López Obrador; una dirigencia parece debilitada se inclina por la alianza, bajo la óptica que hoy si es posible que se fusione el agua y el aceite que enfoca como aliado importante al Partido de Acción Nacional. 

Así lo demuestran los comunicados de personajes de ese partido que erosionan la unidad del Partido de la Revolución Democrática evidenciando que sus diferencias son irreductibles lo que contrasta con lo que sucede en Revolucionario Institucional en el que, a pesar de todo, se advierte que muestra una mayor posibilidad de solidez para alcanzar su objetivo común conservar el control del poder gubernamental. La dirigente Alejandra Barrales manifestó con claridad: “…anticipó que buscarán ir en alianza con los partidos de oposición para 2018, pues lo ideal es unir a las izquierdas; no obstante, aclaró que, si no es con Morena, será con el PAN” (asalto a la razón).

Radicalmente ex dirigentes y miembros representativos del Partido de la Revolución Democrático se manifiestan públicamente en favor López Obrador candidato de Morena, como se difunde en diversos medios nacionales. Dicen “Pablo Gómez, Leonel Godoy y Carlos Sotelo apoyarán a AMLO en el 2018. Adelantaron que con López Obrador van a ganar las elecciones presidenciales del 2018 e hicieron una convocatoria para que sus compañeros del PRD vayan por el mismo camino. Anunciaron que van a construir comités amplios de apoyo al político tabasqueño, quien es aspirante a la Presidencia de la República, en todas las entidades del país.” 

En el Partido Acción Nacional las cosas transitan en la ruta acostumbrada de las contradicciones de familias entre los que buscan ser el candidato a la Presidencia de la Republica. Los contendientes son Margarita Zavala, Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle, aunque en estos momentos los comentaristas ubican a la primera como la mejor posesionada y competitiva frente a López Obrador. Todo indica que este partido caminara en el sendero de la alianza posiblemente con el de la Revolución Democrática buscando definir un candidato competitivo, de acuerdo con la experiencia obtenida durante la candidatura del ex presidente Vicente Fox. 

El disfraz ha sido modificado en inicio de este proceso nacional electoral pero las actitudes autoritarias, la búsqueda de cotos de poder excluyente vinculado al monopolio del manejo de los recursos públicos y negocios que derivan del ejercicio del gobierno prevalecen a pesar de que han sido el motivo que ha colapsado al país sin control ni medidas adecuadas para evitarlo; por el contrario se han incrementado las estrategias del engaño, de la desinformación encerrada en imágenes y discursos sin contenido real de actos de gobierno. 

Lamentablemente esas condiciones prevalen como parte esencial de la política que permea en todos los partidos tradicionales cuyas franquicias prevalecen mientras pretenden obtener el poder nacional, el de las entidades y municipios; logrado ese objetivo, los compromisos con la ciudadanos y población desaparecen lo que provocado una profunda frustración ante el engaño de que es objeto cuando se requiere de su voto. 

Lo que se difunde de cada partido, es mediático y nutre día a día la mente de los mexicanos con un cúmulo de frases huecas que hasta ahora siguen fortaleciendo la candidatura de Manuel López Obrador y del Partido Morena que lo postula y muestra que este si está uniendo a lo que se denomina izquierdas e incrementa la simpatía de los votantes como una expectativa que, aunque tiene como origen el poder monolítico, ha esparcido la idea de que erradicará la corrupción y el abuso de poder, aprovechando en su beneficio la permanente crítica y acusaciones que se le hacen para aumentar su popularidad. 

En Oaxaca la presencia de este personaje del Partido Morena se incrementa venciendo la resistencia que prevalecía respecto a López Obrador que inducen a pensar que sus posibilidades de obtener diputaciones, senadores y presidencias municipales son amplias, frente al desencanto que han dejado las administraciones priistas y las coaligadas de profunda corrupción.

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